La dinámica creadora

Cada átomo, cada molécula y cada organismo se manifiestan y actúan por sí mismos porque encuentran el punto de equilibrio que permite que la energía recorra un camino de autosustentación y retroalimentación. La estructura resultante deviene un sistema armónico multipolarizado que se expresa como una malla poliédrica isomórfica.
En nuestro nivel de percepción tridimensional a estas estructuras las representamos como conjuntos de polígonos armonizados, poliedros isomórficos (sólidos platónicos, poliedros arquimedianos, etc..) que albergan corrientes de energía estables.
No es otra cosa que la expresión de la energía según patrones y polaridades diversas. A esta manifestación la llamamos ‘materia’. La materia no deja de ser energía en un nivel específico de vibración ( M=E/C2 ).
Las formas que apadrinan estos estados estables de la energía las llamamos ‘sagradas’ porque contienen las reglas de la creación. La ‘geometría sagrada’ es el conjunto de formas y relaciones que constituye los fundamentos de lo manifestado en este universo.
Más allá de esta visión estática de la creación y añadiendo la variable tiempo, aparece la ‘dinámica sagrada’. Esta dinámica es el flujo estructurado de las energías que recorre caminos tridimensionales isomórficos; es la creación en movimiento, el tiempo visto desde nuestra perspectiva, el anhelo de integración de la cuarta dimensión.
El trayecto de la energía a través de las formas sagradas y con el ritmo adecuado contiene las claves de la creación.

El quinto elemento
El comportamiento descrito de la energía le permite expresarse en el espacio y el tiempo de forma recurrente, dicho de otra manera, la energía es capaz de volver sobre sí misma y reconocerse.
Este ‘conocerse a sí misma’ es el impulso que posibilita el nacimiento de la conciencia.
La conciencia se nutre y crece a través de la experiencia. Este proceso repetitivo contiene unos elementos primarios que se van añadiendo y puliendo a los que llamamos información.

Un camino de dos direcciones
El conjunto de forma, ritmo e información constituye la trinidad creadora cuyo producto esencial es la creación de conciencia. La atmósfera generada la percibimos como un entramado de frecuencias en armonía que definimos como vibración característica de esa manifestación.
Este sistema no es lineal, no va en una sola dirección. La forma determina el ritmo posible que la acompaña y un ritmo incorporado generará una forma específica que lo pueda albergar. La experiencia/información recogida a lo largo de su vida acabará produciendo una resonancia global característica, y de forma simétrica, una conciencia desarrollada puede entonar una vibración que evoque y cree una trinidad creadora acorde a esa intención.
La creación produce conciencia y la conciencia dirigida crea.

Tecnología sagrada
Entendemos por tecnología al conjunto de conocimientos técnicos que, debidamente ordenados, nos permiten crear bienes de diversa naturaleza para satisfacer las necesidades y deseos de la humanidad.
Atendiendo a esta definición la ‘tecnología sagrada’ será aquella que se nutre de los principios de la geometría y dinámica sagradas, incorporando la conciencia e intención del observador, con el objetivo de emular los procesos universales de creación en armonía.
Todos los procesos basados en los principios de la naturaleza, limpios y sostenibles, y acordes con la evolución de la humanidad entrarían en esta categoría.

Inmersos en la sopa de frecuencias
Todo lo que nos rodea, visible e invisible, todo lo que podemos nombrar tiene materia, energía y conciencia. Todo lo que existe participa de las formas, ritmos e información que caracteriza a la manifestación en este universo. De no ser así, sencillamente se dispersaría y carecería de identidad.
El orden o desorden que nos envuelve, constituye un emisor de una frecuencia característica que determina por resonancia la vibración con la que vamos a sintonizar. Todas las interacciones entre ondas conocidas (Fase/desfase, interferencias, suma/resta, armónicos,..) se producen permanentemente a nuestros alrededor a partir de frecuencias de distinto origen (telúricas, cósmicas, biológicas, artificiales,..) que dan resultantes aleatorias que acaban entrando en conflicto con las frecuencias de equilibrio que nuestro cuerpo maneja.
Hay pues una exposición sistemática y descontrolada a frecuencias caóticas con la que nuestro organismo debe lidiar, debatiéndose entre mantener su propia vibración frente al entorno o aceptar (ponerse en fase) con la frecuencia dominante. Cualquiera de las dos opciones tiene un alto coste en términos energéticos, ni la resistencia permanente ni la asunción de frecuencias ajenas puede ser un estado estable y sano para nuestros cuerpos.
Existe pues la necesidad de establecer un entorno compatible y benéfico que resguarde y potencie nuestras frecuencias naturales. Para ello habrá que introducir los principios de la tecnología sagrada para armonizar el espacio en el que estamos inmersos.

Emular a la naturaleza
La naturaleza trabaja creando y destruyendo de forma organizada y ecológica. No hay arbitrariedad, todo responde al mantenimiento y evolución del sistema en su totalidad.
Este proceso se sostiene sobre dos pilares básicos; la implosión que recoge la energía, la concentra y habilita la auto-sustentación, y la explosión que deshace los vínculos y dispersa la energía. Esta alternancia centrípeto-centrifugo constituye la respiración del universo, el flujo perpetuo de la energía para nacer, manifestarse y morir.
La forma y dinámica que alberga este proceso es el toroide, que repite incesantemente el flujo auto-sostenido, implosión-explosión. La energía es atraída hacia el punto cero de implosión donde se produce la máxima densidad y se manifiesta la materia, después esa energía se va dispersando y vuelve a ser recogida por el flujo toroidal que la reintroduce en el sistema.
Este flujo primordial está presente en el universo en todas las escalas. Sabemos que las galaxias giran sobre un agujero negro que determina el centro del toroide, el punto de máxima implosión donde se manifiesta el plano con todas las estrellas y planetas. Los sistemas solares, la Tierra, el cuerpo humano, el corazón, los más minúsculos microorganismos,.. participan del mismo principio y organizan sus energías mediante este vórtice que empuja la energía hacia dentro del toroide, la proyecta hacia afuera y la recupera de nuevo por su perímetro exterior.

Toroide1

El arte de la intención
El concepto de coherencia cuántica, el papel del observador y las últimas investigaciones en neurociencia hacen que la frase ‘la energía sigue al pensamiento’, no sea ya patrimonio exclusivo de la metafísica.
Podemos dirigir nuestros pensamientos hacia la consecución de objetivos concretos y la energía recorrerá el camino trazado y materializará la intención expresada.
Siguiendo esta misma lógica y añadiendo los patrones que dirigen la creación podemos evocar el flujo toroidal construyendo puntos atractores que concentren la energía en un entorno coherente con información e intención armónica.
La radiónica, el Feng-Sui, la acupuntura del espacio, la arquitectura sagrada y muchas otras aplicaciones de estos principios, han utilizado desde siempre las formas y la intención para establecer espacios libres de frecuencias no deseadas.

Emo Espacial
EMO ESPACIAL tiene por objetivo establecer una malla energética estructurada mediante la incorporación de proporciones sagradas, reproduciendo el flujo toroidal y en última instancia construyendo un atractor capaz de emitir un conjunto de ondas de forma con información coherente.

La parte visible y material del dispositivo evoca el camino principal de entrada y salida de la energía en el toroide fundamental. Es el hueco del toroide. El flujo de retorno es propiamente el que establece el cuerpo del toroide.
Desde el punto de vista geométrico está construido como un hiperboloide de revolución a partir de una hipérbola aurea, combinando recíprocamente los incrementos de radio con las distancias de caída.
El campo creado alrededor de EMO ESPACIAL tiene un diametro de 60 metros, medido por métodos radiestésicos, y constituye una malla de frecuencias armónicas con capacidad de blindar y dar vibración coherente al espacio de alrededor.
Conviene ubicarlo en aquellos lugares donde coinciden distintas frecuencias, tanto en intensidad como en origen, especialmente salas de estar, lugares de trabajo y allí donde haya trasiego constante de personas. Dado que emite su pulso de forma radial es más eficiente ubicarlo en el centro de la sala.
Siempre se mejora su función añadiendo de forma explícita la intención del observador. Visualizar el campo – esfera toroide – alrededor del EMO ESPACIAL e interiorizar el flujo de anidación que se produce es una buena manera de mejorar la información que acabará integrando la malla final.
No requiere limpiezas energéticas particulares, basta con mantenerlo limpio de polvo y manchas y en una correcta posición vertical.
EMO ESPACIAL no impone ninguna vibración específica, suaviza e iguala las frecuencias existentes conformando una malla energética armoniosa a partir de las frecuencias en presencia.